Cuando la ‘Torre Mónica’ fue la chimenea de Los Guindos

La fundición de plomo a la que pertenecía dio trabajo a más de 250 personas y dejó de escupir humo en 1979. Esta es su historia

JON A. SEDANO (Diario SUR)

Era otra Málaga. Donde hoy hay paseos junto a la playa, como el de la Misericordia, hace poco más de cien años había grandes fábricas que se dedicaban a la fundición. El humo de sus chimeneas cubría el cielo de la zona como si de calima se tratara. El paisaje turístico no existía. En su lugar había edificaciones de ladrillo, que hoy han quedado como recuerdo en fotografías en blanco y negro. Las últimas chimeneas de Málaga se erigen como vestigios de aquella industria que dio de comer a miles de malagueños. Era la Málaga industrial del siglo XIX

A mediados de 1800 Andalucía contaba con grandes latifundios, donde el trabajo de jornalero era una de las principales salidas para sobrevivir. Frente a la vida rural, Málaga se convirtió en una de las ciudades españolas más industriales. El yacimiento de hierro encontrado en Ojén propició que en Marbella se fundaran los segundos Altos Hornos de España, que llegaron a convertirse en los más importantes de la Península. La cercanía al mar y las posibilidades de extensión que tenía la ciudad jugaban a su favor. El ‘skyline’ de aquella Málaga a pie de playa pasó a ser totalmente industrial. Fábricas que iban desde fundiciones a textiles ocupaban todo el litoral, desde San Andrés hasta La Malagueta.

Nada queda de aquel pasado, salvo sus chimeneas. Entre ellas, hay una con nombre propio. La ‘Mónica’, cuya historia de amor adolescente ocultó su verdadero origen. Antes fue ‘el tubo’ y mucho antes, cuando aún escupía humo, la chimenea de Los Guindos. Un informe encargado por el grupo municipal Málaga Ahora, en el que se ha detectado plomo en la arena de la Misericordia, revela lo frágil de la memoria. Aquella fábrica y su imponente chimenea pertenecían a una fundición de plomo, que cerró sus puertas en noviembre de 1979.

La Fundición de Plomo de Los Guindos fue una de las grandes fábricas malagueñas que durante más de 50 años dio cobijo a trabajadores y a sus familias.

El profesor Antonio Santiago, vocal de la (Apidma), cuenta que su origen está en una empresa madrileña. En 1920 se crea la Compañía Minerometalúrgica Los Guindos, que debe su nombre a unas minas que la empresa tiene en Linares-La Carolina. Eligieron Málaga por tres razones: el puerto, el comercio y la mano de obra cualificada.

El cambio de modelo y la competencia con el País Vasco

Los Altos Hornos de Vizcaya, que habían nacido en 1902, se convirtieron en una competencia contra la que Málaga no podía luchar: tenían sus propias minas cerca, mientras que la capital malacitana debía importar el carbón mineral desde Inglaterra o Alemania. De hecho, a comienzos de la década de 1860, los Loring montaron una línea de ferrocarril entre Málaga y Córdoba para traer carbón, aprovechando la escasez del norte por las guerras carlistas. El problema llegó cuando lograron implantarlo, ya que la situación en Vizcaya se había estabilizado y la fabricación había comenzado de nuevo. Por ello, Málaga fue abandonando la producción de hierro para dar lugar a otro tipo de modelo económico, con varios sectores, como el químico y el comercial. El puerto, con su fondeadero, seguía en constante movimiento, mientras que la gran tradición industrial de la zona había generado mano de obra cualificada.

Este precedente llamó la atención de Los Guindos, que decidió instalar su fundición en lo que ahora es el Paseo Marítimo Antonio Banderas. Generaban piezas de todo tipo para atender la demanda de plomo para tintes y pinturas y crear plata con la que comerciar desde el puerto, al que todas las fábricas tenían acceso mediante la red ferroviaria. Además, la cercanía al mar permitía suministrar agua de forma directa para refrigerar las calderas.

La fábrica, diseñada por el ingeniero y barón alemán Félix von Schlippenbanch, contaba en su interior con un gran horno de fusión, varios hornos para plata y una chimenea de 106 metros. Sus trabajadores, que superaban en número los 250, vivían en ella como si de una colonia se tratara, ya que los hornos no se podían detener.

Las familias convivían junto a los operarios, utilizando la escuela, ambulatorio y economato que se habían levantado junto a la fábrica. Alguno de ellos, como el difunto Francisco Jurdao Arrones, llegaron a compaginar sus estudios con el trabajo en la fundición. El padre de Jurdao era operario de Los Guindos y él, con 12 años, siguió la estela familiar.

Pero no muchos podían llegar a jubilarse en la fábrica. “La fundición era altamente tóxica, ya que por aquel entonces no se tenían las consideraciones medioambientales actuales. La mayoría de operarios se jubilaba a los 56 años”. De hecho, se crearon sindicatos para poder cubrir las ayudas de los enfermos.

Horno de fusión de la Fundición de Los Guindos. / APIDMA

Esta toxicidad obligaba a que las chimeneas tuvieran más de 100 metros. Concretamente, la ‘Torre Mónica’ tenía 106 metros. Pero aunque la chimenea de la fundición se haya convertido en bien de interés cultural de la ciudad, hubo un tiempo en el que su futuro fue incierto. Años después de cerrar la fábrica, el proyecto del paseo marítimo puso en jaque su esperanza de vida, ya que se pensó en destruirla. Colectivos ciudadanos de la zona y constructoras implicadas lograron salvarla, convirtiéndola con su remodelación en un icono de lo que Málaga fue hace años.

Su altura tuvo que ser recortada siete metros por el deterioro que el agua y los rayos habían producido en sus ladrillos; que habían inclinado el último tramo. La gran chimenea que durante un tiempo llevó el nombre de Mónica escrito en ella, pasó a ser restaurada en 2008. Se borró el nombre, se limpió el hollín y se puso en la parte superior una placa metálica para evitar futuros deterioros. ¿Te has fijado a través de los cristales antivandálicos en el péndulo que hay en el interior? Su objetivo es lograr que por el peso la placa de metal que hay en la parte superior no se mueva.

Ahora, casi 100 años después de que viera la luz la chimenea de la Fundición de Los Guindos, esta forma parte junto a otras de los iconos querecuerdan a la Málaga obrera. Una Málaga que dista mucho de la que vemos hoy en día, pero que consiguió situar la ciudad en el mapa industrial del mundo.

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Preparando el encuentro europeo

Esta tarde hemos estado en el Centro de Ciencia y Tecnología del Parque Tecnológico de Andalucía (Málaga) preparando una de las actividades del “II Encuentro Europeo de Asociaciones de Patrimonio Industrial: “Patrimonio industrial e inclusión social”

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La música de la fábrica textil

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La Torre del Cable: una reforma a 400 metros mar adentro

Costas ejecuta el saneamiento de la Torre del Cable, que perderá el maquillaje azulado de la ‘era Gil’. La intervención concluirá en la primera quincena de agosto. Después, el Ayuntamiento se hará cargo de la gestión mediante una concesión administrativa sin canon.

Mónica Pérez (Diario Sur)

A lo lejos se divisan varias siluetas de personas sobre la base de la torre. En un lateral, se observa la plataforma de seguridad que se ha colocado adosada a la pared del poste. Una embarcación cercana controla los trabajos. Una vez con el mar en calma, la obra de saneamiento en la mítica Torre del Cable de Marbella coge ritmo y ya tiene fecha aproximada de finalización programada para el 10 de agosto. Para entonces, uno de los últimos reductos de la historia minera de la Marbella del siglo pasado lucirá su mejor cara después de 60 años sin una intervención de mejora. El único cambio que se le dio tuvo lugar durante la ‘era GIL’, cuando se dotó al poste de los característicos colores con los que el fallecido Jesús Gil tiñó el municipio durante su gobierno. Esa pintura será retirada y saldrá a la luz la piedra natural con la que la torre fue forjada. Para ello, como detalló el jefe de la Demarcación de Costas, Ángel González, la intervención cuidará especialmente dos aspectos. De un lado, la seguridad. Teniendo en cuenta que son trabajos de reforma que se ejecutan a 400 metros de la costa, en una actuación, reconoció, pionera en la provincia de Málaga por cuanto se realiza dentro del mar. Por otro lado, se persigue la preservación medioambiental. La vieja pintura será retirada mediante chorros de agua y arena. El objetivo es que estos restos no caigan al mar y contaminen. Por ello se colocarán redes rodeando la torre para su recogida. Una vez retirada la pintura, se procederá a aplicar una capa de barniz conservante «que deberá ser renovado con frecuencia teniendo en cuenta que el poste se ubica en una zona de gran erosión por el mar», subrayó.

Patrimonio industrial

El jefe de Costas, el subdelegado del Gobierno en Málaga, Miguel Brione; el concejal de Seguridad, Javier Porcuna; el edil de Sostenibilidad, Miguel Díaz; la senadora y exalcaldesa, Ángeles Muñoz; y el parlamentario andaluz y edil popular, Félix Romero, junto a técnicos de la empresa Tragsa que ejecuta la obra, realizaron ayer una expedición en barco hasta el pie de la torre para conocer in situ la evolución de unos trabajos que se llevan reivindicando desde hace años y que gracias a la colaboración entre administraciones se han materializado. «Esta actuación representará un antes y un después. Recuperamos parte del patrimonio industrial de una ciudad que tiene avales suficientes para ser el centro del turismo, pero además, esta torre tiene un vínculo emocional con Marbella», subrayó el subdelegado del gobierno.

«Desde hace tiempo hay una reivindicación que era la recuperación de esa parte de la historia de Marbella que es una parte desconocida por muchos de los que vienen de fuera. Es un elemento que define el siglo XX de Marbella, cuando dejó de ser el pueblo minero que era y pasó a ser turístico. De ese cambio quedan algunos restos en el interior de la ciudad, pero hay uno que está en el mar, ese soporte del cable que transportaba las vagonetas desde la mina», recordaba el concejal de Seguridad y Turismo, Javier Porcuna.

Una vez finalizados los trabajos, la gestión de la torre pasará a manos del Ayuntamiento de Marbella mediante una concesión administrativa que no conlleva canon alguno. De momento, como explicó el concejal de Sostenibilidad, Miguel Díaz, a día de hoy se sigue trabajando para concluir «cuando antes» esa concesión que está, dijo, en estudio técnico. El objetivo es que el procedimiento esté finalizado dentro de este año. A partir de entonces el Consistorio deberá asumir el mantenimiento del poste. En proyecto está la habilitación de un punto de interpretación del mismo a pie de playa.

 

Más información en esta página: https://pitbox.wordpress.com/2015/06/24/mina-de-marbella-altos-hornos-de-marbella-siderurgia-en-la-costa-del-sol/

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Hoja del mes de julio de 2017

07-julio202017

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Huelin, ¿Barrio industrial o marinero?

Me gustaría ser un erudito en la historia contemporánea de Málaga y sus barrios para no tener que preguntarme y por el contrario afirmar documentalmente sobre aquella u otra historia cercana de nuestra tierra y, lógicamente, me permitiría escribir ahora con propiedad sobre si el origen del Barrio de Huelin es marinero o industrial.

No obstante, las vivencias que dan los años que ya envejecen mi piel, me permiten al menos recordar que hacia el final de la década de los años 50 y comienzos de los 60 del siglo pasado, siendo un muchacho, cada mañana cogía el tren Suburbano que salía del Puerto para dirigirme al trabajo en una empresa metalúrgica de (en esos momentos) 650 trabajadores, enclavada en el corazón mismo de Huelin, justo donde se ubica hoy el Instituto. Desde el lento rodar de ese tren que discurría prácticamente por carriles instalados casi en el mismo rebalaje del mar, podía perfectamente divisarse a un lado y a otro cuanto acontecía o se ubicaba en la zona, ya fuera cosa o persona en movimiento, ya elementos estáticos.

Un vez que se atravesaba el puente de hierro (todavía en pié hoy) en dirección a la Misericordia, desde las ventanillas del lado derecho podía divisarse, además de la cruz en memoria de Torrijos,  todo un entramado de pequeñas y medianas industrias, empezando por las famosas “faenas”, donde se envasaban y empaquetaban los frutos secos que exportaba Van Dulken. Existían todavía algunos restos de la famosa Fundición de los Heredias (La Constancia); le seguía La Péira (fábrica de envases para productos malagueños); al lado de ella otra de camas (somieres, etc.); Taillefer (almacén de maderas y hierro, así como montaje de los coches MG); Aceitería Moro; Bodegas Campos; Maderas Llosa; Aceitería Minerva; Industria Malagueña (Textil); Oxido Rojo; Jacinto Pariente (fábrica de sacos); talleres de los ferrocarriles suburbanos; talleres generales de Renfe, CAMPSA (hoy Parque Huelin; S.A. Vers (auxiliar de Renfe); Ruperto Higton, Financiera y Minera (abonos) Talleres Ojeda; S.A. Cross (química); Punto Industrial (textil); Los Guindos (fundición de plomo); Proquiver (abonos); Azucarera Hispania; Bodegas López Hermanos; La Térmica; Talleres La Unión; Metalgráfica; TAMESE; Fábrica de Vidrio, Almacén Bevan; IMPYP (plástico y bolígrafos) y otras muchas más, que la memoria ha dejado de retener.

Desde las ventanillas del lado izquierdo sólo se divisaban chabolas y cerca de la orilla del mar, faenaban algunas barquillas, porque ningún pueblo ni barrio costero, se escapan de tener que recurrir al sustento de la pesca.

Pero con esta panorámica, solo puedo sacar la conclusión, de que el Barrio que yo conocí, evidentemente, era industrial. El mismo nombre del Barrio responde al impulsor industrial de la zona, con la puesta en marcha de una azucarera en 1876 y las casitas para sus trabajadores y que fue D. Eduardo Huelin. Sin embargo, cuando una y otra vez, en las remodelaciones urbanísticas que se han hecho y se hacen en plazas o calles, se suelen instalar elementos o símbolos marineros, que me parece bien, pero nada o muy poco hacen referencia a ese pasado industrial.

Todo ello podría remediarse si la tozudez de los responsables políticos de la ciudad tomaran en consideración lo que tantos ciudadanos malagueños y foráneos, entre ellos numerosas personalidades de la cultura y la ciencia, estamos pidiendo: UN MUSEO DE LA INDUSTRIA EN TABACALERA. Ese puede ser el escenario que recuerde a todo el mundo, que no sólo Huelin, sino que Málaga entera y algunas de sus comarcas, representó una de las zonas más industriales de España desde la mitad del siglo XIX y hasta bien avanzado el XX, así como poseer una de las mejores y más fértiles vegas, que dio origen a la industria del azúcar y otras. Hasta del secano de sus montes se sacó el enorme potencial que representaron nuestros vinos. El espacio de ese precioso edificio y su ubicación sería perfecto para no olvidarnos de nuestras raíces y de nuestra historia. No perdamos la oportunidad.

Málaga, Febrero de 2014

José Antonio Ruiz Muñoz

(Vocal de Patrimonio Industrial del Ateneo de Málaga y presidente de nuestra asociación)

http://ateneomalaga.es/blogateneo/huelin-%C2%BFbarrio-industrial-o-marinero-por-jose-antonio-ruiz-munoz/

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II Encuentro Europeo de Asociaciones de Patrimonio Industrial. Patrimonio e inclusión social.

Dentro del marco de las actividades de concienciación y divulgación del Patrimonio Industrial, la Asociación en Defensa de las Chimeneas y del Patrimonio Industrial de Málaga lanza los próximos 27 y 28 octubre el II encuentro Europeo de Asociaciones de Patrimonio Industrial.

En 2015 con motivo de la celebración del Año Europeo del Patrimonio Industrial, la asociación en colaboración con el Parque de las Ciencias de Granada organizó el primer encuentro con los siguientes objetivos:

• Presentar un patrimonio desconocido para la mayor parte de los Europeos
• Mostrar una visión global del patrimonio azucarero, cuya interpretación se ve limitada por los límites provinciales
• Presentar unos materiales para valorar la percepción social del Patrimonio Industrial y divulgar entre el público más joven
• Mostrar los resultados de la colaboración con instituciones culturales como el Parque de las Ciencias de Granada
• Resaltar el papel del voluntariado en eventos de este tipo.

En el encuentro participaron una decena de asociaciones, estudiantes de arquitectura interesados en la rehabilitación y reutilización de los restos industriales, representantes de tres museos de ciencia y la asociación de voluntarios del Parque de las Ciencias.

La experiencia fue valorada muy positivamente. En dicho encuentro se firmó el hermanamiento entre las asociaciones de Málaga y Roubaix, y se realizó una breve formación para utilizar los materiales elaborados, que posteriormente han sido puestos a disposición de los interesados.

El eje central del II encuentro europeo de asociaciones será la inclusión social.

La gestión integral del patrimonio implica abordar las siguientes perspectivas:
• socioeconómica: equidad
• ambiental: sostenibilidad
• comunitaria: inclusión social
• cultural: concienciación, sensibilización y divulgación

Si bien durante el 2015 se señaló la importancia del papel de las asociaciones y grupos de voluntarios en la gestión del Patrimonio Industrial, esta edición nos centraremos en una de las tareas en las que este colectivo destaca.

Durante este encuentro las distintas asociaciones presentarán sus experiencias en el campo de la inclusión social, uniendo así dos de los aspectos claves del patrimonio, la perspectiva comunitaria y la cultural.

Fechas: 27 y 28 de octubre de 2017
Lugar: Sede Asociación en Defensa de las Chimeneas y Patrimonio Industrial. Mercado del Carmen

Programa:
• conferencias marco
• mesas redondas
• presentación de actividades a cargo de las distintas asociaciones
• entrega calendario

Actividades paralelas:
• rutas por los elementos más significativos del patrimonio industrial de Málaga
• visita, cena informal y espectáculo científico en el PTA

Entidades organizadoras y colaboradoras:
• Asociación en defensa de las chimeneas y patrimonio industrial de Málaga
• Parque de las ciencias de Granada
• Centro de Ciencia Principia

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Ruta turístico-industrial por la zona oeste de Málaga

“La Asociación en Defensa de las Chimeneas y del Patrimonio Industrial de Málaga” invita a socios, amigos e interesados, a una Ruta Peatonal por la zona oeste de la ciudad de Málaga para conocer nuestro pasado industrial.

Partiremos del Parque de Huelin, visitaremos calle Héroe de Sostoa, explanada de la estación, callejones del Perchel, edificio de Italcable, chimenea de central eléctrica Fiat-Lux y Museo del Vino.

Datos de la Ruta:

Lugar de la cita: junto al faro del parque de Huelin

Día de la Ruta: 27 de mayo de 2017, sábado.

Horario de salida: 10 de la mañana.

Tiempo aproximado de recorrido: 2´30 horas. Distancia: 3,5 km

Precio provisional de la Ruta: 3 € para Socios / 6€ para No Socios.

El abono se hará en el momento de la Salida de la Ruta.

Los interesados en alguna de las 25 plazas disponibles podrán solicitarla en el correo electrónico de la asociación chimeneasypatrimonio@yahoo.com. Las inscripciones se atenderán por riguroso orden de llegada de la solicitud.

 

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Presentación del libro “El viajero romántico y la ciudad industrial -1880-“

Nos gustaría contar contigo en la presentación del libro cuya portada te adjunto, de nuestros compañeros Antonio Guzmán y Juan Franco, en el Ateneo el próximo día 11 a las 20 h.

 

Presentación del libro EL VIAJERO ROMÁNTICO Y LA CIUDAD INDUSTRIAL [1880] Málaga para niños y mayores [2ª Edición]

Lugar: ATENEO DE MÁLAGA. Día: JUEVES, 11 DE MAYO 2017 Hora: 20:00

Presenta: Ángel I. Pérez Gómez

Se trata de unos itinerarios por la ciudad de Málaga para niños y jóvenes entre 10 y 16 años y también para mayores, basados en unos relatos imaginarios que hace un viajero inglés en la época esplendorosa del siglo XIX.

Más de 100 años después un grupo de escolares han de recorrer los mismos lugares del viajero inglés y redactar lo que ven en la actualidad.

El libro es bilingüe. Esta segunda edición recoge también dos trabajos escolares realizados por alumnos de un Colegio de Rincón de la Victoria a los que ha servido de motivación e inspiración este libro.

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La historia de Intelhorce, vista por sus trabajadores

Juan Reina, antiguo jefe de personal y de compras de la famosa industria malagueña, publica ‘Recuerdos de Intelhorce (Hechos y documentos)’

alfonso vázquez 02.04.2017 | “La Opinión de Málaga

Una década ha estado trabajando Juan Reina Reina (Almogía, 1931) en los Recuerdos de Intelhorce (Hechos y documentos), una obra editada por ediciones del Genal (533 páginas, 25 euros) que recoge el valioso punto de vista de los trabajadores de la que, en su día, fue una de las 100 empresas de España en facturación y que llegó a emplear a más de 3.200 personas.

«Los compañeros están encantados, algunos me cuentan que han llorado», explica este malagueño que estuvo 30 años en la fábrica, en puestos tan relevantes como los de jefe de personal, jefe de compras y transporte y apoderado de la empresa.

En 2007 inició esta aventura, cuando envió cartas a sus compañeros para pedirles datos. Hay que tener en cuenta, señala Juan Reina, que cuando desapareció la fábrica, «los archivos los quemaron, lo mismo que vendieron y destruyeron toda la maquinaria», así que lo recopilado en este volumen, entre documentos, anécdotas, historias y alrededor de 400 fotografías, supone una importantísima aportación para la historia de Intelhorce.

La primera vez que Juan Reina escuchó hablar de la fábrica era un joven abogado en el despacho de Antonio Chaneta. «Me dijo que habían salido oposiciones para ingresar en Intelhorce como jefe de personal, oficial y auxiliares…me presenté a todo», ríe. Como detalla, los jefes en realidad ya habían sido designados antes, así que aprobó las oposiciones y en 1962 entró como oficial en el departamento de personal.
Comenzaba una relación de tres décadas con Intelhorce que terminó con el expediente de regulación de empleo de 1992. Intelhorce ya estaba entonces en manos de los italianos (el famoso Giovanni Orefici), que pocos años antes le habían retirado del cargo de jefe de personal.

«Salimos unos 742 trabajadores, prácticamente la mitad de la plantilla. No se quedó en condiciones de funcionar con normalidad», sentencia.

El libro comienza con los prolegómenos de lo que el autor denomina «la gran empresa industrial de Málaga», cuyos antecedentes se encuentran en 1950, con el decreto del Ministerio de Industria de un concurso público para montar en Málaga una industria textil algodonera, que empezaría a funcionar en 1962 con el nombre de Industrias Textiles del Guadalhorce. La inauguración oficial de los primeros 20.000 husos de hilatura tuvo lugar en febrero de 1963. Con los años, pasó a llamarse Intelhorce, General Textil España y en la última etapa, Hitemasa, hasta el cierre y liquidación en 2004.

En cuanto a los terrenos de la fábrica, en un primer momento se compró el Cortijo de Perales, junto al Guadalhorce, pero se descartó y el libro aventura varias causas: un terreno poco consistente, superficie insuficiente o bien que fue descartado por tratarse de una tierra de cultivo, poco apreciada entonces.

Al final se adquirieron unos terrenos en el kilómetro 5 de la carretera de Álora. En cuanto al Cortijo de Perales, en los 80 formó parte de la ampliación del Polígono Guadalhorce.

Todo el proceso

Como explica Juan Reina, la fábrica cubría todo el proceso de elaboración de los tejidos en las distintas naves de Intelhorce: «En la primera parte entraban las bolas de algodón, se convertían en tejidos, se pasaban a tejidos y a telares y se convertían en telas. Parte se vendía como tela cruda y otra parte se acababa aquí. Lo que más se hacían eran sábanas, toallas, paños de cocina, albornoces y también cazadoras y había una sección de tejanos», recuerda.
Fotos, documentos oficiales, recortes de prensa, anales, testimonios… el libro es una completa enciclopedia de la vida en una de las fábricas más importantes en la España de su tiempo.

Uno de los capítulos más curiosos para el lector es el de las anécdotas, pues retrata muchos aspectos de la marcha de la empresa. Un ejemplo, la huelga de cuatro días de abril de 1970: «La fábrica estuvo parada, pero el personal siguió acudiendo a sus turnos, aunque sin ponerse a trabajar, peculiaridad de las huelgas de Intelhorce», relata.

Lo más llamativo es que, parece, la huelga la propició un consejero delegado, quien llegó a hablar megáfono en mano desde la ventana de su despacho, «como si fuera un mitin».

En otra ocasión, en 1973, los nuevos propietarios de la empresa, el grupo Castell, trató de hacerse con acciones en poder de cuatro particulares, para alcanzar el cien por cien del capital social. En una comida en el merendero Antonio Martín, y ante la resistencia a vender, el gerente les tentó con que, con el dinero obtenido tendrían «para regalarle un abrigo de visón de sus señoras». Ni el visón pudo con estos cuatro accionistas, que no vendieron por motivos sentimentales.

También comenta el libro la fallida compra del solar en el que se encontraba la iglesia de la Merced, demolida por el Obispado de Málaga. El solar estaba a la venta por 2.250 pesetas el metro cuadrado y la empresa planteaba levantar un edificio para altos cargos. Pero cuando se autorizó la adquisición, un mes después, el solar ya se había vendido y además un poco más caro: a 2.350 pesetas el metro cuadrado.

Los apodos

Y otro de los capítulos más humanos es el dedicado a los apodos de los trabajadores. El autor escribe que «los apodos o motes, siguiendo la costumbre de los pueblos, de donde procede buena parte del personal de la empresa, constituyen una extendida seña de identidad en el lenguaje coloquial de la fábrica».

Eso sí, sólo aporta las iniciales de los apodados. Aquí van algunos: Cabeza palo, el Metralleta, Pecho de hierro, el Pelón, el Pelúo, la Amorosa, Popeye, Juan sin luces, el Comepollo, el Comunista, la Hippy…y por supuesto, el apodo del autor, quien en 1973, en época de conflicto, cambió su antiguo coche gris por un Renault 12 verde y como jefe de personal recibió el mote de el Aceituno, «diciendo que era verde por fuera y con el hueso dentro».

Otro capítulo importante agrupa los recuerdos de los trabajadores. Así, a Helga, la Alemana, lo que le llamó la atención al entrar fue «que prácticamente nadie sabía otro idioma que el español», mientras que un antiguo empleado que firma S.I. subraya que se queda con «el buen ambiente de compañerismo y colaboración que se encontraba», así como el sacrificar su tiempo libre con otros compañeros para ofrecer «proyecciones de cine y otras actividades recreativas» a los niños del «poblado», la barriada de Intelhorce, que por ciento cuenta con un capítulo propio.

Este mismo trabajador confiesa que su experiencia más enriquecedora fue «todo lo que he aprendido. Casi todo el que ha trabajado en Intelhorce ha salido diciendo que aquello fue una gran escuela». La obra de Juan Reina recoge las luces y sombras de la inolvidable fábrica de Intelhorce.

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