Manuel Agustín Heredia Martínez (1786-1846)

Fue uno de los hombres de negocios más importantes de España en la primera mitad del siglo  XIX.  Nació  en  Rabanera  de  Cameros  (Logroño)  el  4  de  agosto  de  1786.  A la  edad  de quince  años,  seguramente  llamado  por  algunos  de  sus  paisanos previamente  instalados  en  el sur peninsular, llegó a Málaga donde residió el resto de su vida.

Dio  sus  primeros  pasos  en  el  mundo  de  los  negocios  como  dependiente  en  una casa  de comercio en Vélez-Málaga, pero muy pronto fundó su propia compañía mercantil en unión de otros  dos  socios.  Su  buena  estrella  comenzó  en  los  años  de la  guerra  de  Independencia, tiempos  duros  para  la  mayor  parte  de  la  población, pero  a  los  que  él  supo  sacar  provecho, practicando  el  comercio  a  gran  escala (exportación  de  productos  agrícolas  y  minerales  de  la región e importación de manufacturas y coloniales). Heredia obtuvo importantes beneficios de la  exportación de  grafito  gracias  a  los  permisos  que  consiguió  del  general  Ballesteros,  que dirigía la resistencia  contra  los  franceses  en  la  zona.  Según  Álvarez  de  Linera,  el  propio Heredia confesaba que los grafitos de Marbella habían sido el principio de su colosal fortuna.

En  1813,  cerca  ya  del  final  de  la  guerra,  Heredia  se  instala  en  Málaga  y  contrae matrimonio con Isabel Livermore Salas, hija de un inglés afincado en España, que se dedicaba a la fabricación de curtidos. Fue un matrimonio fecundo. Tuvieron doce hijos, aunque cinco de ellos murieron en la infancia.

Durante  los  años  1814  a  1824  tiene  lugar  su  ascenso  económico  y  social.  La guerra  de independencia  hispanoamericana  no  impidió  a  Heredia  la  continuación del  tráfico  mercantil con  los  territorios  del  otro  lado  del  Atlántico;  para  ello recurrió  a  la  utilización  de  barcos  de países neutrales, sobre todo ingleses y norteamericanos. Otros negocios de esta etapa fueron el abastecimiento  de  los presidios  norteafricanos,  el  suministro  de  tabaco  al  Estado  o  la fabricación de azúcar en un ingenio de la costa oriental malagueña.

La  creciente  importancia  de  su  casa  de  comercio  le  valió  el  reconocimiento  de la  clase mercantil  malagueña  que  lo  eligió  Prior  del  Consulado  en  1824.  Desde aquel  puesto  Heredia impulsó  importantes  obras  como  el  arreglo  del  camino  de Antequera  (esencial  para  el comercio  por  ser  vía  de  conexión  entre  las    comarcas del  interior  y  la  ciudad  portuaria)  y  la limpieza del puerto de Málaga (la acumulación de arenas dificultaba gravemente la entrada de barcos); presentó, además, interesantes proyectos como la creación de una cátedra de química industrial y contribuyó al establecimiento de un jardín de aclimatación de plantas exóticas.

Por  estas  mismas  fechas  surge  el  interés  de  Heredia  por  la  industria,  que  supo hacer compatible con el comercio. Su primera incursión  en este sector fue en la siderurgia. En 1826 un grupo de hombres de negocios, entre los que se encontraba Heredia, creó una sociedad para explotar  un  rico  yacimiento  de  hierro  descubierto en  Ojén,  cerca  de  Marbella.  Construyeron una  ferrería  junto  al  río  Verde  (La  Concepción)  e  iniciaron  la  explotación.  Las  dificultades iniciales  y  los  malos  resultados  obtenidos  al  comienzo  hicieron  desistir  a  la  mayoría  de  los socios, por lo que la empresa hubiera naufragado a no ser por el tesón y la fe de Heredia, quien con la  ayuda  del  guipuzcoano  Francisco  Antonio  Elorza,  militar  experto  en fundiciones, consolidó  la  fábrica  de  Marbella  y  creó  una  nueva  ferrería  en  la ciudad  de  Málaga  (La Constancia).  La  ubicación  de  ésta  respondía  a  la  necesidad de  facilitar  la  llegada  del  carbón mineral necesario para el afinado del hierroobtenido en los hornos altos de Marbella. Como el combustible había de llegar por mar procedente de Asturias o de Gran Bretaña, la proximidad al puerto de Málaga permitiría abaratar los costes del transporte.

La  Constancia se  construyó  en  1833  según    proyecto  y  bajo  la  dirección  del arquitecto Tomás  Cortés.  El  nuevo  establecimiento  fue  dotado  de  moderna maquinaria  fabricada  en Inglaterra  y  se  contrataron  técnicos  de  aquella nacionalidad  para  que  instruyesen  a  los naturales en las nuevas labores fabriles.

La  siderurgia  de  Heredia,  con  sus  dos  establecimientos  de  Marbella  y  Málaga, entró desde mediados de los años treinta en una fase de gran actividad que la llevaría a colocarse en poco tiempo a la cabeza de la producción nacional de hierros. En gran medida ello se debió a la  paralización  de  las  ferrerías  del  norte  peninsular  por  la guerra  carlista,  pero  también  a  la habilidad de Heredia, que supo aprovechar la circunstancia para modernizar su equipamiento e introducir  cambios  en  la  fabricación de  hierros.  En  1840  Heredia  se  había  convertido  en  el primer fabricante de hierros de España. Los hierros malagueños se impusieron en el mercado nacional manteniendo esa hegemonía por espacio de dos décadas.

Simultáneamente Heredia dirige su mirada hacia otro sector industrial, el plomo, que en aquellos momentos despuntaba en la provincia de Almería. En 1837 adquirió la fundición San Andrés de  Adra,  cuyas  bases  habían  puesto  las  firmas Rein (de  Málaga)  y Colman,  Lambert and Co. (de Londres). Heredia introdujo reformas y mejoras en las instalaciones, de tal forma que la fundición alcanzó entonces su mayor esplendor.

En 1840  era dueño también de dos fábricas de jabón situadas en el malagueño barrio del Perchel y de doce buques “que hacían la carrera de las Américas hasta el mar Pacífico”.

Heredia  era  entonces  el más destacado  empresario de la Península. Sólo las ferrerías de Marbella y Málaga daban empleo a unas 2.000 personas. Si a estas cifras añadimos el número de obreros que trabajaban en la fundición de Adra, en las fábricas de jabón, casa de comercio, etc.  se  comprenderá  que  Manuel  Agustín  presumiera  de  “ocupar  el mayor  número  de  brazos que alimentara jamás un particular en estas provincias”.

Pero  las  inversiones  industriales  de  Heredia  no  se  limitaron  al  sector  metalúrgico. Los productos  químicos  y  los  tejidos  entraron  también  en  el  círculo  de  sus inversiones  ya  en  la última  etapa  de  su  vida.  Según  Benito  Vilá,  cuando  se produjo  la  muerte  de  Heredia  (14  de agosto de 1846) se estaba levantando laelegante chimenea de más de 300 pies de altura de una fábrica de productos químicos, construidaen terrenos de la ferrería La Constancia. Su amplio edificio  albergaba  seis cámaras  con  una  capacidad  total  de  70.000  pies  cúbicos  para  la producción  de ácido  sulfúrico,  empleado  después  de  la  fabricación  de  barrilla  artificial  y  de bujías esteáricas.

Tampoco  llegó  a  Heredia  ver  culminado  otro  proyecto  paralelo  al  anterior  y llevado  a cabo en colaboración con los hermanos Pablo y Martín Larios, laconstrucción de una fábrica de  hilados  y  tejidos  de  algodón,  lino  y  cáñamo,  a  la  que  se  dio  el nombre  de Industria Malagueña y que al igual que las ferrerías figura entre las pioneras de su ramo en España. El nuevo establecimiento, edificado en terrenos colindantes a la ferrería La Constancia, inició su actividad  en  septiembre  de  1847.  Sus  instalaciones comprendían  almacenes  para  el  algodón, madera y combustibles; oficinas y talleres para las distintas secciones de la fabricación; locales destinados  a  la  reparación  de maquinaria  y  casas  para  empleados  y  trabajadores.  En  1852 Industria Malagueña proporcionaba empleo a 1.400 personas, en su mayoría mujeres, contaba con 495 telares y su producción ascendió  a 3.400.000 varas de lencería  y  3.800.000 varas de tejidos de algodón. La fábrica malagueña se convirtió en seguida en la segunda mayor empresa textil algodonera de España.

Otros  campos  en  los  que  intervino  Manuel  Agustín  Heredia  fueron  los  seguros, los transportes y la banca, sectores todos ellos relacionados estrechamente con sus negocios.

En Málaga, ciudad cuya economía estaba orientada al mar, los seguros marítimos tenían una  importancia  capital.  Para  paliar  la  dependencia  del  exterior  en  esta  materia, los  grandes comerciantes promovieron la creación de compañías autóctonas que aseguraran las mercancías objeto  del  tráfico  y  los  barcos  que  las  transportaban. Hubo  dos  ensayos  tempranos  de sociedades  anónimas,  la Compañía  Malagueña  de Seguros  Marítimos (1836)  y Unión Malagueña.  Sociedad  de  Seguros  Marítimos(1840),  ambas  de  vida  efímera.  En  ésta  última Heredia  era  el  mayor  accionista. Pero  la  fórmula  adecuada  en  el  seguro  marítimo  no  se encontró hasta 1851, fecha de fundación del Lloyd Malagueño, convenio de aseguradores que fue renovado en sucesivas ocasiones hasta  comienzos del siglo XX y en el que la Casa “Hijos de Manuel Agustín Heredia” estuvo generalmente en cabeza por número de participaciones.

En 1845 Manuel Agustín Heredia logró interesar a los individuos más representativos del comercio y las finanzas de Málaga en el proyecto de una sociedad de vapores que tomó cuerpo legal el 9 de marzo del citado año. Su objeto era establecer una línea de vapores entre Cádiz y Marsella. Su capital inicial era de 60.000 pesos fuertes divididos en acciones de 20.000 reales cada  una.  Heredia  y  Larios  figuran  también  como mayores  accionistas  con  13  y  9  acciones respectivamente.

Finalmente,  por  lo  que  se  refiere  a  las  finanzas,  Manuel  A.  Heredia  fue  uno  de los fundadores del Banco de Isabel II, creado el 25 de enero de 1844 por iniciativa de un grupo de importantes  hombres  de  negocios  entre  los  que  figuran  José  Salamanca, Gaspar  Remisa, Manuel Gaviria, José Buschental, Nazario Carriquiri y Pablo Collado. En cambio no consiguió ver aprobado el proyecto de crear un Banco de Málaga que impulsó cuando ocupaba el cargo de  Vicepresidente  de  la  Junta  de  Comercio  en 1844.  La  idea,  favorablemente  acogida  en  la propia  Junta   y  en  el   mundo  de  los negocios  de  Málaga  -hasta  el  punto  de  cubrirse inmediatamente una suscripción abierta para el reparto de las acciones-, no encontró apoyo en el gobierno. Hubo que esperar hasta 1856 para que Málaga contara con una entidad bancaria ya  que  fue  en  esa  fecha  cuando  el  gobierno  aprobó  la  creación  del Banco  de  Málaga, figurando entonces entre sus promotores su hijo Tomás.

Manuel  Agustín  Heredia  murió  en  Málaga  el  16  de  agosto  de  1846,  pocos   meses después de que la reina Isabel II lo nombrara Senador. Un periódico madrileño, el Semanario de  la  Industria,  al  dar  la  noticia  de  su  fallecimiento,  lo  consideraba como  “primer  capitalista español”.

Su  fortuna  era  una  de  las  mayores  de  España.  El  inventario  de  sus  bienes  realizado  en 1847 arrojó un activo superior a los 60 millones de reales, cifra que pocos igualaban en aquella España de mediados del siglo XIX. Además de las fábricas reseñadas, era propietario de fincas rústicas  y  urbanas  y  de  una  pequeña  flota compuesta  por  18  barcos.  Tenía  intereses  en sociedades  industriales,  mineras,  de seguros,  transportes  y  banca;  y  sus  almacenes  estaban repletos de  todo tipo de mercancías. Una fortuna, en fin, caracterizada por el dinamismo y la apuesta  por  el riesgo,  como  lo  demuestra  el  abrumador  peso  del  capital  circulante  (más  del 60% del activo).

Sus hijos recibieron una herencia cuantiosa  y compleja cuya gestión exigía inteligencia, habilidad y capacidad de adaptación a las circunstancias. Una herencia con graves problemas, como  la  dificultad  de  abastecerse  de  carbón  mineral  para  alimentar  a los  altos  hornos  y afinerías de Málaga, que condicionaría decisivamente la marcha de la siderurgia.

Como otros hombres de negocios del siglo XIX, hizo pivotar sus empresas y actividades sobre la familia. Asoció a sus negocios a su hermano Martín y a sus cuñados Miguel Bryan y José de la Cámara. Con otro de sus cuñados, José de Salamanca, participó en varios negocios cuando  éste  se  hallaba  en  los  comienzos  de  su  aventura empresarial.  Y  desde  luego  no descuidó la formación de sus hijos enviándolos a prestigiosos centros de enseñanza técnica en el  extranjero  (Inglaterra  y  Francia)  a  fin de  que  adquirieran  la  preparación  necesaria  para sucederle al frente del complejo entramado empresarial creado por él.

Manuel  Agustín  Heredia  es  uno  de  los  escasos  ejemplos  de  empresario  innovador y audaz en una España atrasada, donde eran pocos los hombres de negocios dispuestos a seguir la  senda  de  los  países  de  la  Europa  Occidental  que  en  esa  época experimentaban  un  fuerte crecimiento  económico.  Su  fe  en  las  posibilidades  de Málaga  y  la  costa  andaluza  como  área desarrollada y próspera, sus iniciativas en el terreno industrial, creando empresas desconocidas en las tierras del sur, le hacen acreedor a la consideración de empresario moderno.

 

Cristóbal García Montoro

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